La formación investigativa como apuesta para la intervención en el Trabajo Social Contemporáneo: retos y perspectivas para una práctica transformadora

Investigative training as a bet for intervention in Contemporary Social Work

Ingrid Fernanda Salazar Morales
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Colombia

Analéctica

Arkho Ediciones, Argentina

ISSN-e: 2591-5894

Periodicidad: Bimestral

vol. 1, núm. 12, 2015

revista@analectica.org

Recepción: 13 Enero 2015

Aprobación: 15 Julio 2015



DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.3975977

Resumen: Esta propuesta pretende dar apertura a una discusión que permita comprender el papel que juega la formación investigativa en la intervención profesional, desde la concepción de un trabajo social contemporáneo, entendiendo por este, la constitución de una visión crítica, reflexiva y propositiva, frente a las múltiples realidades que se han consolidado desde el siglo pasado, y que son asumidas como un reto para abordar de forma articulada la investigación y la intervención desde la profesión.

Palabras clave: formación investigativa, intervención profesional, trabajo social.

Abstract: This proposal aims to open a discussion that allows us to understand the role that research training plays in professional intervention, from the conception of contemporary social work, understanding by this, the constitution of a critical, reflective and propositional vision, facing the multiple realities that have been consolidated since the last century, and that are assumed as a challenge to approach research and intervention from the profession in an articulated way.

Keywords: research training, professional intervention, social work.



Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros… Somos lo que hacemos y sobre todo lo que hacemos para dejar de ser lo que somos: nuestra identidad reside en la acción y en la lucha. Por eso la revelación de lo que somos implica la denuncia de lo que nos impide ser lo que podemos ser. Nos definimos a partir del desafío y por oposición al obstáculo.

Fuente: Eduardo Galeano

Desde sus inicios el Trabajo social se ha ocupado de intervenir las diferentes problemáticas sociales que subyacen en la sociedad, las cuales son el fundamento de la formación de estudiantes en este campo, y de la actuación de los distintos profesionales que emanan de las universidades del país. Con especificidad en Colombia, la profesión se ha caracterizado por encontrarse en un contexto desafiante, con enormes desigualdades sociales y económicas, que han permeado las condiciones sociales y humanas de los variados sectores que ocupan el territorio nacional; poniéndose esto como relieve en el proceso de formación del trabajo social y de su desarrollo integral en medio de sus realidades, al igual que en la construcción de una identidad de reconocimiento que rescate y resitúe el rol del quehacer profesional en las áreas de conocimiento y practica en la sociedad.

En contraste con la realidad que ha caracterizado los avances y alcances del Trabajo social como profesión, se tiene como precedente de su aparición, la etapa de caridad y filantropía, con la presencia del asistencialismo y funcionalismo que operó en sus inicios a finales del siglo XX, en medio de su carácter reduccionista en la compresión de la realidad y de la actuación instrumentalizada con la que se pretendía atender los desvíos en la sociedad civil, que pudieran atacar al sistema hegemónico que regía entonces. Así mismo, surgió el Trabajo Social como profesión en nuestro país, en apoyo de la iglesia católica, imperante en ese momento en colaboración de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en el año de 1936, como producto de la acumulación de dinero por parte de unos sectores del poder de ese entonces, y en donde empezaban a surgir las primeras ideas liberadoras y revolucionarias dentro de la constitución de la profesión, motivadas por las luchas sociales que se daban en algunos países de Europa, y que a la vez contribuyeron en la constitución de la concepción de un Trabajo Social Contemporáneo, que aportara a una compresión e intervención más inmediata en la cuestión social. Estas perspectivas se entretejían con las perspectivas que se tenían de la profesión en Europa y EE.UU., las cuales han permeado la condición histórica de esta (Malagón y Leal, 2006).

En relación a este recorrido histórico se ha fermentado la necesidad de formar a profesionales en Trabajo Social, desde una postura epistemológica y critica que permita generar confrontaciones y reflexiones en torno a la realidad que se vive en el contexto del país y la cual se encuentra fuertemente ligada con las diversas situaciones de carácter mundial. Se hace fundamental trascender de la concepción de un Trabajo Social funcionalista y carente de relación con el entorno, y con las diversas dinámicas que constituyen la sustancia y esencia de la realidad mundial y nacional; para pasar a lo hoy conocido como Trabajo social contemporáneo, el cual surge a partir de la década del 70, periodo histórico reconocido como la reconceptualización, en el cual se forjó la idea de un trabajo social crítico y activo, con voluntad de investigar e intervenir no solo sobre los problemas sociales que son el eje de su actuación, sino se advierte también la necesidad de formar a sus profesionales como seres analíticos, que piensen, y se interesen en el estudio de las propias raíces y acciones de la profesión, con el propósito de constituir un Trabajo Social Contemporáneo que permita la compresión relacional de las diferentes causas y consecuencias generadas de los problemas que afectan a la sociedad.

Para esto es importante siguiendo el planteamiento de Vélez, citada en Camelo, A. Cifuentes, R. Resignificar el Trabajo Social contemporáneo, fundamentando su especificidad en la esfera que la producción del conocimiento exige, implica aportar a la elaboración teórica con rigor y espíritu crítico y avanzar en la comprensión (global-particular) de lo social, eliminando las tensiones presentes en la relación teoría práctica (Camelo y Cifuentes, 2009).

Teniendo como punto de referencia las diferentes situaciones que se derivan de la realidad nacional, se hace necesaria la investigación como generadora de sentidos y formadora de actitudes, constituyéndose en una herramienta para hacer frente a los requerimientos que deben afrontar los profesionales de hoy, como lo son las respuestas a la academia y a la institucionalidad, en coherencia con las pensadas para las comunidades donde se interviene, esto no solo en su campo, sino también en relación con las tensiones que se presentan actualmente en torno a las ciencias sociales, en donde los discursos y actuaciones de los profesionales han pasado a ser mediados por las ciencias exactas, predominando las ideas economicistas y reduccionistas frente a la realidad. En coherencia con el contexto inmediato a la profesión se propone pensar y proponer nuevas formas de intervenir en la realidad en busca de una práctica transformadora. Entendiendo la trasformación como resultado de una investigación holista que marque la ruta hacia una intervención profesional más consciente, autónoma y propositiva en los diferentes contextos donde se fundamenta y desarrolla la profesión.

En consecuencia, a lo anterior, el propósito central de esta apuesta consiste en posibilitar una reflexión que permita reconocer la importancia de la formación investigativa como aporte a la intervención profesional, facilitando el conocer e identificar elementos significativos de la realidad del contexto colombiano que enriquezcan la práctica desde el Trabajo Social, con el fin de aportarle a la transformación social. En este punto, aparece un aspecto crucial en el debate y reflexión que se pretende motivar.

Es necesario asumir el ejercicio investigativo como un proceso en continua construcción de confrontaciones, alternativas y decisiones, posibilitador de pensares, sentires y actuaciones, que se entrecruzan con las necesidades y diferentes contingencias que se presentan en el contacto directo con las comunidades, es también importante reconocer que el corpus conceptual que fundamenta la acción se nutre de la experiencia investigativa- activa, por lo cual se reconoce la importancia de contrastar las raíces epistemológicas, metodológicas y axiológicas de la profesión con las situaciones que emergen de la acción. Dando paso a direccionar el proceso investigativo como un camino inacabado, en el que se encuentran y desencuentran múltiples factores asociados al mundo histórico-social tanto del investigador, como de las concepciones y acciones construidas por los sujetos activos involucrados. Como lo propone (Rojas, 1999), la investigación es un proceso socio-histórico porque quien investiga es un sujeto socio-histórico; somos nosotros, no máquinas. Y eso significa mostrar que quien investiga es el sujeto cargado de necesidades, motivaciones, deseos, frustraciones, expectativas, limitaciones, capacidades, que se presentan en todo el proceso de construcción del conocimiento (Rojas, 1999).

Teniendo en cuenta la propuesta expuesta con anterioridad, es pertinente analizar algunos planteamientos y discusiones que se han generado en torno a la construcción de concepciones y actuaciones dirigidas hacia la compresión y transformación de la realidad por medio de la relación entre la acción investigativa y el actuar profesional del Trabajo Social.

Para esto Zapata, A., citado en Falla, U (2009) afirma que la investigación se considera como un proceso sistemático que genera la producción intelectual y permite identificar la ubicación de la profesión en el contexto social, así como encontrar sus significados y valores para la intervención.

Es desde perspectivas como esta que se aporta al proceso de consolidación de una profesión crítica y activa frente a las situaciones y desafíos que se derivan de la sociedad actual, asumiendo la investigación como generadora de sentidos, formadora de actitudes, y una herramienta que permite la comprensión y atención a los requerimientos que deben afrontar los profesionales, no solo en su campo, sino también en relación con las demás ciencias sociales que comparten su misma realidad. Por esto en el ejercicio investigativo como lo afirma Parola (2009), la reciprocidad con la intervención es ineludible, ya que es a partir de la investigación que el ejercicio profesional tiene posibilidades de responder a los desafíos actuales y, este sentido, a los dilemas que la intervención genera. En este sentido la intervención debería direccionar a la investigación en Trabajo Social (Parola, 2009). En torno a lo anterior, se enfatiza la necesidad de formar profesionales con capacidad de asombro frente a sus propias realidades, analíticas en torno a los problemas que se originan en el entramado de la sociedad, y proactivas que propongan apuestas no solo para estudiar la realidad, sino también para poder intervenirla de una manera más pensada y responsable.

Esto, con el propósito de que los estudiantes y profesionales adquieran una mirada más holista sobre la intervención en la realidad, de la misma forma que puedan hacer uso de herramientas como el dialogo en sus entornos académicos, potencializar la construcción de conocimiento de una manera más relacional, en la que los estudiantes puedan conectar las bases epistemológicas respecto al Trabajo Social, con la situación socio-política de la realidad. Como lo plantea, Vélez, citada en Álvarez (2009:46), cuando expresa que la investigación en Trabajo Social debe ser una instancia mediadora entre la teoría y la realidad, que permita reconstruir la realidad social. Tiene que asumirse como una práctica sistemática, en la que se forjen procesos de producción de conocimiento, que permitan comprender y explicar la realidad social (Álvarez, 2009). Avanzando hacia un análisis más profundo en la discusión, y para direccionar la apuesta que se pretende proponer, hacia cómo y en qué aspectos la formación investigativa amplía la visión y actuación de los estudiantes y profesionales de Trabajo Social, tanto en la formación de su actitud académica y ético-política, como en su práctica en la sociedad. Es necesario reflexionar en torno a las dinámicas formativas en las que se encuentran inmersos los estudiantes de Trabajo social, y a la vez los profesionales, poniendo en discusión la forma como está siendo concebida y abordada la profesión desde los espacios académicos, es de valioso aporte que se realice un ejercicio que permita contrastar las concepciones formadas por los estudiantes, con las visiones y actuaciones de los profesionales.

Por ende, se hace necesario abrir la discusión en base a preguntas como, ¿cuáles son las metodologías que se están utilizando en los procesos de formación?, ¿Desde qué posturas y con qué discursos se está avanzando en la discusión de un trabajo social que está en busca de nuevos caminos y de nuevas posibilidades de actuación? Desde el análisis de estas preguntas se hace fundamental generar espacios de dialogo y reconocimiento de las diferencias en los entornos formativos, que permitan problematizar y direccionar la profesión desde miradas integradoras, transdisciplinares y propositivas. Para esto es de gran aporte algunas concepciones como la de Negri (2008):

“que reconocen que, ya que la incorporación de las propuestas político-pedagógicas de la educación popular en el ámbito universitario pueden resultar vigorosas para la construcción de una universidad diferente y de una intelectualidad comprometida con procesos crecientes de politización de lo social que permiten consolidar nuevos desafíos, retos y en los que convergen múltiples perspectivas de producción científica y actuación social para la profesión” (Negri, 2008).

Así se da paso a reconocer los espacios de formación como una base transcendental en el trasegar de la profesión, y de la conformación de una apuesta investigativa para el Trabajo Social, allí se forman las primeras concepciones de los futuros profesionales, acerca de su quehacer y de la realidad próxima en la que se dispondrán a intervenir, en esta fase, los educadores se convierten en piezas claves para la relación de alumnado con las primeras posiciones curiosas frente a los hechos de la realidad, y la relación de estos con el acervo epistemológico que sustenta su accionar. En espacios como estos es necesaria la motivación a la reflexión, al cuestionamiento y a la crítica propositiva, con la intención de que los estudiantes desarrollen y consoliden una actitud investigativa-activa, que sea el puente de conexión entre su formación académica y la relación de esta con sus contextos. De igual forma se hace fundamental abrir espacios donde se problematice frente a cómo está siendo concebida la práctica académica desde los estudiantes, la universidad y la institucionalidad, cómo se encuentran relacionadas entre sí, desde los procesos de formación y después en el desarrollo de la acción profesional.

Es importante reconocer que la práctica académica es un proceso de generación de sentidos y desafíos para los estudiantes, los cuales deben entretejer los conocimientos construidos desde su paso por la academia, con las demandas que se les hace en los contextos donde se interviene, siendo esta una formadora y deformadora de concepciones y acciones en torno a la profesión.

Del mismo modo es fundamental utilizar la formación investigativa como un espacio de apertura para reflexionar en torno a los hechos que se enlazan a la actuación de la profesión, con las intencionalidades y aportes generados desde la investigación, procesos como la sistematización de prácticas académicas, posibilitan el pensar desde el ser frente al hacer, confrontando las ideas utópicas de solución que forman los estudiantes, con las desafiantes realidades provenientes de la respuesta a la institucionalidad y al aporte que se les espera por parte de la sociedad. Por la complejidad que representa la práctica académica para los estudiantes, se propone que este proceso sea valorado como una experiencia investigativa y como una apuesta de intervención que genera posibilidades de hacerle frente a la cuestión social y de transformación en la cotidianidad de las comunidades, aportando a la defensa de los derechos humanos y a la lucha por una sociedad más equitativa y justa.

Para ampliar la reflexión acerca de la investigación como apuesta formativa y de intervención profesional en el Trabajo social contemporáneo, es necesario hacer un ejercicio de desaprensión de anteriores posturas conservadoras del Trabajo Social que se han encaminado en la mecanización y objetividad desmesurada en las actuaciones de los profesionales, dejando de lado la diversa riqueza simbólica, discursiva y propositiva propias de las comunidades y de los sujetos con los que se investiga e interviene, asumiendo que según lo planteado por Cifuentes y Camelo (2006):

“estos argumentos enmarcan las búsquedas de la investigación en torno a contribuir en la consolidación de la fundamentación teórica y metodológica del Trabajo Social desde la metodología integrada. Se trata de un proceso riguroso de indagación e inferencia sobre enfoques epistemológicos, sistemas teóricos y conceptuales, referentes e implicaciones metodológicas, contextualizadas de manera significativa en el marco de la reconfiguración actual de las ciencias sociales y de las nuevas demandas emergentes en la contemporaneidad” (Cifuentes y Camelo, 2006).

Con base en esto es fundamental el reconocimiento del otro como aporte sine qua non para el desarrollo y logro de los procesos de formación y transformación social, desde un enfoque que no busque separar, ni calificar, sino por el contrario integre, cuestione y proponga nuevas posibilidades y alternativas de comprender e intervenir la realidad. Es desde concepciones como esta que la acción investigativa toma forma y sentido, posibilitando al trabajo social asumir un reto para dar frente a las situaciones problemáticas y complejas que se enraízan en el diario vivir de las comunidades. Es clave tener en cuenta el papel tan importante que tiene la formación investigativa como contribución a una academia más participativa, gestora e influyente en las dinámicas y luchas de los sectores encaminados a la defensa de los Derechos Humanos, y en la visibilización de los mismos.

Pero hay una cuestión de fondo que no se puede dejar pasar, y se da en la medida en que se posibiliten espacios para pensar ¿cómo es vista la investigación para los espacios ajenos a la academia?, ¿qué aportes se han logrado por medio de la investigación en contextos aún más cercanos a las comunidades?, ¿qué tipos de investigación son las más coherentes con las necesidades y particularidades del contexto colombiano?, estos cuestionamientos surgen en medio de las experiencias formativas e investigativas que van teniendo tanto los estudiantes como los docentes, y demás actores que encaran la puesta en marcha de proyectos sociales investigativos vinculados al programa de Trabajo Social de La universidad de Caldas. De las discusiones y confrontaciones que se han dado en el desarrollo de dichos procesos han surgido aportes como la necesidad de hacer visibles los espacios de diálogo de saberes sobres estos cuestionamientos, tener presentes las perspectivas emergentes desde las cuales pueden surgir nuevas formas de investigar e intervenir desde la profesión, consideraciones como estas fundamentan y aportan a esta propuesta, la cual a la vez se enlaza con la iniciativa de reconocer las practicas académicas como un escenario donde se realiza un proceso investigativo y propositivo frente a las múltiples realidades a las que les hace frente el trabajo social.

Por tanto pensar la formación y acción investigativa desde perspectivas emergentes es un reto que el Trabajo Social como programa académico y como profesión, los estudiantes, y profesionales en ejercicio deben asumir, en coherencia con una propuesta de trascender de lo conocido y reconocido a lo largo de la historia de la profesión desde anteriores posturas que se han naturalizado en la forma como se ha abordado la profesión, para contrastarlas con la con la complejidad en la que se encuentra actualmente el mundo social. Es fundamental la construcción o fortalecimiento de espacios de participación donde se identifiquen las limitantes y posibilidades de hacer investigación desde la academia, la apuesta por una reflexión crítica frente a ¿cómo está siendo asumida la investigación para estudiantes y profesionales?, ¿para qué se está haciendo hoy investigación?, ¿cómo están siendo concebidas las comunidades en los procesos investigativos?, ¿desde qué posturas se puede avanzar en una acción investigativa que responda a las necesidades, retos y desafíos de una sociedad moderna y un Trabajo Social contemporáneo?, este tipo de cuestionamiento profundo y critico no pretende dar respuestas únicas y absolutas, pretende aportar a posibilitar un espacio que permita ampliar la mirada frente a la forma y el sentido que toma la investigación en la formación academia, y a asumir el ejercicio investigativo como una práctica que impacta tanto en la cotidianidad de las comunidades, como en la posturas y visiones que se reconstruyen luego de la experiencia investigativa por parte de los estudiantes y profesionales. Siguiendo el aporte de Casá (2013), resulta fundamental reconocer a la instancia de producción de conocimiento como una dimensión integrante de la práctica profesional, a fin de construir un pensamiento crítico de la realidad en la que se circunscriben las intervenciones. Y de allí, se puede pensar en la generación de nuevas perspectivas, metodologías, y propuestas fundamentadas en la reconstrucción de esa experiencia como define Parola (2009), citada en Casá (2013), cuando plantea que el ejercicio investigativo como proceso de producción de conocimiento es:

“el cuestionamiento y explicación de la realidad “con el fin último de responder a la contemporaneidad y legitimarse tanto en el campo del hacer como en el del conocer. También hay que remarcar que más allá de que la práctica sea el núcleo fundante de la profesión, tendrá valor para el conocimiento siempre y cuando implique cuestionamiento y transformación de discursos o prácticas discursivas, echando por tierra viejos dogmas que impiden avanzar en la conformación de un trabajo social colectivo” (Casá, 2013).

Retomando las perspectivas planteadas, se puede concluir que es fundamental la articulación de la formación investigativa a la práctica profesional del Trabajo Social, asumiéndola como un elemento inherente a su quehacer, en el que se construyen habilidades, capacidades y destrezas que le posibilitan a los estudiantes cultivar una actitud de duda, análisis, e interés constaste por la transformación de la realidad, incentivando a la motivación y al involucramiento de los estudiantes en procesos de confrontación, apropiación e intervención de la cuestión social. También es necesario tener en cuenta que en el acercamiento a ejercicios práctico- investigativos surgen posibilidades y limitantes, que se deben asumir como espacios de desafío profesional para responder a la perspectiva de un Trabajo Social Contemporáneo, en coherencia con la situaciones propias de cada comunidad, sector u organización y que es en esos espacios donde el estudiante o profesional, también intenta generar nuevas concepciones y formas de abordar las necesidades e intereses desde el lugar donde se encuentra, así que su accionar deberá responder a un ejercicio ético- político que le permita asumir una visión crítica y autónoma frente a las situaciones o decisiones que debe afrontar en el desarrollo de su ejercicio profesional.

En este tipo de espacios prácticos, es donde la actitud investigativa retoma esas experiencias prácticas para que sirvan de base para la creación de nuevas apuestas que permitan aportar a la trasformación social desde el Trabajo Social. Partiendo de ello, pensar la intervención desde un Trabajo Social Contemporáneo como lo expone Quesada (1995:10):

“incorpora una nueva postura política-ideológica, cuestiona el principio de la neutralidad del conocimiento, introduce un marco conceptual materialista, indaga nuevos campos de acción profesional, ensaya nuevas formas pedagógicas. Surge una línea de trabajo más social que individualista, se plantea la necesidad de robustecer la investigación social y sobre todo una forma de producir conocimiento a partir de la práctica de intervención” (Quesada, Matus, Rodríguez, Nelda. Onetto, Ponce de León y Paiva,1995).

Asumiendo la investigación desde perspectivas holistas e interconectadas, se puede aportar a superar la brecha entre lo objetivo de la teoría y lo simbólico de la experiencia, con la visión de darle importancia tanto a lo epistemológico de la profesión, como a lo singular de cada uno de los contextos donde la intervención toma forma y sentido. Aportando a la constitución de un Trabajo Social Contemporáneo humano, crítico y propositivo en el que el ejercicio investigativo sirva de puente para conectar lo reflexivo del análisis teórico, con las diferentes apuestas y propuestas que surgen de procesos de acción profesional, en donde la apropiación de nuevas perspectivas teórico- metodológicas empiezan a tomar cada vez más fuerza y hacerse más visibles en espacios de discusión y apuestas desde la academia. Por esto es importante que, desde la postura como estudiantes, docentes investigadores, coordinadores de programa y demás actores del área académica, se asuma el reto de continuar cada vez con el paso más firme, en el camino hacia el reconocimiento de la práctica investigativa como parte fundante de conocimiento y de un elemento significativo en la construcción de proyectos de carácter social, que a la vez este enlazada con la situación actual del país.

Por esto es clave pensar la investigación como un elemento que permita la interconexión con otras profesiones y disciplinas también llamadas a este tipo de reflexiones, pero aún más como una herramienta fundamental para generar apuestas hacia una trasformación ligada a trascender de la mirada que naturalmente se tiene de la profesión y por medio de las acciones formadas a partir de allí, poder establecer el ejercicio investigativo como una forma de intervención desde el plano social. Con el cimiento de la investigación como forma de intervención se puede abrir horizontes de reconocimiento de las prácticas, proyectos y apuestas investigativas que han avanzado en lograr un acercamiento real y positivo en las comunidades, además de plasmar la intención de aportarle a la necesidad de crear nuevas formar de articular la acción investigación- intervención. Para ello es importante analizar y visibilizar este tipo de apuestas de carácter crítico- reflexivo, con el fin de retomar sus aportes y enlazarlos con otros ligados a continuar el camino hacia una práctica transformadora desde la profesión.

Algunas conclusiones conceptuales para relacionar a la reflexión:

Formación investigativa:

Práctica transformadora:

Referencias

Álvarez, A, (2009) Re-pensar la Sistematización y la Investigación Evaluativa en la Intervención del Trabajo Social, como Pilares para la Producción de Conocimiento. Palabra (10).

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