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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="Marcalyc 1.2" article-type="research-article" xml:lang="es"><front><journal-meta><journal-id journal-id-type="redalyc">251</journal-id><journal-title-group><journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Analéctica</journal-title></journal-title-group><issn pub-type="epub">2591-5894</issn><publisher><publisher-name>Red de Esfuerzos para el Desarrollo Social Local, A.C.</publisher-name><publisher-loc><country>México</country><email>revista@analectica.org</email></publisher-loc></publisher></journal-meta><article-meta><article-id pub-id-type="ark">https://n2t.net/ark:34892/252719</article-id><article-categories><subj-group subj-group-type="heading"><subject>Artículos</subject></subj-group></article-categories><title-group><article-title xml:lang="es">El discurso político de la calidad democrática en Latinoamérica</article-title><trans-title-group><trans-title xml:lang="en">The political discourse of democratic quality in Latin America</trans-title></trans-title-group></title-group><contrib-group><contrib contrib-type="author" corresp="no"><contrib-id contrib-id-type="orcid">http://orcid.org/0000-0002-9800-4434</contrib-id><name name-style="western"><surname>Pérez Martínez</surname><given-names>José de Jesús</given-names></name><xref ref-type="aff" rid="aff1"/><email>josedejesusperezmartinez@gmail.com</email></contrib></contrib-group><aff id="aff1"><institution content-type="original">Investigador</institution><institution content-type="orgname">Educación y Ciudadanía, A.C.</institution><country country="MX">México</country></aff><pub-date pub-type="epub-ppub"><season>Noviembre</season><year>2014</year></pub-date><volume>1</volume><issue>7</issue><elocation-id>e252719</elocation-id><history><date date-type="received" publication-format="dd mes yyyy"><day>25</day><month>06</month><year>2014</year></date><date date-type="accepted" publication-format="dd mes yyyy"><day>31</day><month>10</month><year>2014</year></date></history><permissions><ali:free_to_read/><license xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/"><ali:license_ref xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0">https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/</ali:license_ref><license-p>Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA) 4.0</license-p></license></permissions><abstract xml:lang="es"><title>Resumen</title><p> El concepto de democracia implica cierta interacción entre vacíos, esto si consideramos que para Lefort (1990: 190) el vacío principal corresponde al poder como un lugar susceptible de ser ocupado por los representantes que elige la sociedad pero que no deben adueñarse de esa posición privilegiada ya que ello implicaría un uso particular de algo que surge de y para el pueblo; mientras que para Rancière (2007: 38) el vacío principal radica precisamente en el pueblo, pues es un campo ambiguo que suele ser acaparado por la clase dominante, negando el derecho a participar y reivindicar a los dominados, generando un desacuerdo en el discurso oficial (o logos), que luego puede derivar en la verdadera política, que consiste en el movimiento que pugna por que se les reconozca su entrada en ese lugar vacío.</p></abstract><trans-abstract xml:lang="en"><title>Abstract</title><p> The concept of democracy implies a certain interaction between gaps, this if we consider that for Lefort (1990: 190) the main gap corresponds to power as a place capable of being occupied by the representatives chosen by society but who should not take possession of that privileged position since this would imply a particular use of something that arises from and for the people; while for Rancière (2007: 38) the main void lies precisely in the town, as it is an ambiguous field that is usually monopolized by the ruling class, denying the right to participate and claim the dominated, generating disagreement in the official discourse (or logos), which can then lead to true politics, which consists of the movement that seeks to have their entrance recognized in that empty place.</p></trans-abstract><kwd-group xml:lang="es"><title>Palabras clave</title><kwd>calidad democrática</kwd><kwd> democracia</kwd><kwd> discurso político</kwd></kwd-group><kwd-group xml:lang="en"><title>Keywords</title><kwd>democratic quality</kwd><kwd> democracy</kwd><kwd> political discourse</kwd></kwd-group><counts><fig-count count="0"/><table-count count="0"/><equation-count count="0"/><ref-count count="9"/></counts></article-meta></front><body><sec sec-type="intro"><title>El Discurso democrático</title><p><xref ref-type="fn" rid="fn9999">*</xref></p><p> El concepto de democracia implica cierta interacción entre vacíos, esto si consideramos que para <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref4">Lefort (1990: 190)</xref> el vacío principal corresponde al poder como un lugar susceptible de ser ocupado por los representantes que elige la sociedad pero que no deben adueñarse de esa posición privilegiada ya que ello implicaría un uso particular de algo que surge de y para el pueblo; mientras que para <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref8">Rancière (2007: 38)</xref> el vacío principal radica precisamente en el pueblo, pues es un campo ambiguo que suele ser acaparado por la clase dominante, negando el derecho a participar y reivindicar a los dominados, generando un desacuerdo en el discurso oficial (o logos), que luego puede derivar en la verdadera política, que consiste en el movimiento que pugna por que se les reconozca su entrada en ese lugar vacío. </p><p>Cualquier variante de la
democracia resulta insuficiente en las sociedades contemporáneas (y así ha sido
siempre, de lo contrario, siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref8">Rancière (2007: 18, 32)</xref>, al tener una
democracia suficiente, la política dejaría de existir, y no habría lucha de
clases ni enfrentamientos sociales). Sin embargo, a pesar de las dificultades
que implica la aplicación de la democracia, aún no hay un paradigma que logre
superar todas las limitantes, es el paradigma dominante y el discurso político
más aceptado en las sociedades contemporáneas. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref1">Robert Dahl (1989: 18)</xref> propone
el término Poliarquía, que implica un
régimen más participativo, pero es consciente de la dificultad de una
aplicación universal y al final lo que propone es más bien una tipología en la
que sitúa el tipo de régimen de diferentes países como cercanos o lejanos a
dicho modelo. Además de ese, ha habido otros intentos por medir la calidad de
la democracia incorporando los indicadores útiles para diversos fines
analíticos, sin embargo, no hay un consenso, los parámetros para medir la
calidad de la democracia son variados.</p><p> En el contexto de la democracia, uno de los aspectos susceptibles de generalización, es que estamos ante el reflejo práctico del principio teórico de la soberanía del pueblo en cuanto a decisiones políticas, pues “la democracia es una manera de ser de la sociedad, la soberanía del pueblo es una forma de gobierno” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref9">(Rosanvallon, 2006: 24)</xref>. Y la manera en que se materializa la soberanía del pueblo es al ser depositada en la estructura institucional del Estado, lo que resulta una paradoja, pues regularmente las instituciones políticas y democráticas no son materialmente tangibles, pero son encabezadas por alguna autoridad.  </p><p> De esa paradoja surge un grave problema, la persona que representa a la sociedad dentro de esas instituciones es la que manipula ese poder, que puede hacerlo de manera obediencial o de manera autoritaria, es decir, respectivamente ejerciendo el poder en aras de los intereses de la comunidad o de los intereses particulares (a título propio o de algún grupo particular). Generalmente cuando las instituciones políticas y democráticas son capturadas por intereses personales y se corrompen (aunque no exclusivamente, ya que también cuando funcionan correctamente) hay un acompañamiento retórico en el discurso que mantiene al pueblo bajo control y les intenta convencer acerca del buen desempeño de sus instituciones.  </p><p> Al respecto, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref8">Rancière (2007: 88 - 109)</xref> tiene un interesante planteamiento desde la óptica de la filosofía política, y lo hace postulando la interacción de tres figuras teóricas: la arquipolítica <xref ref-type="fn" rid="fn1">(1)</xref>, la parapolítica<xref ref-type="fn" rid="fn2"> (2)</xref> y la metapolítica<xref ref-type="fn" rid="fn3"> (3)</xref>. En la primera se conforma el discurso político, en la segunda se instrumentan los mecanismos o políticas públicas con los que se respalda, y en la tercera el pueblo desmantela el falso discurso. Parece sencillo pensar en la metapolítica como es descrita por el autor, pero en realidad ese momento rara vez tiene lugar, pues la arquipolítica y la parapolítica suelen afianzarse con tanta fuerza que es difícil descubrir los engaños de la retórica y del discurso impuesto. Para destapar ese arreglo de dominación es necesario que haya un alto nivel de participación ciudadana en el uso de las capacidades institucionales y sobre todo en cuanto a la fiscalización de las personas que hacen uso de esas facultades, lo cual en la mayor parte de las ocasiones resulta complicado por el manejo asimétrico de la información, acompañado de un fuerte proceso de socialización mediante el cual se impone el discurso planeado y las fuerzas que actúan en contra del cambio, que por lo general son los beneficiados por el statu quo establecido. Una herramienta clave para lograr que se despeje la neblina de la arquipolítica son los diversos mecanismos de Accountability, o rendición de cuentas. </p><p> Así mismo, se pueden deducir algunos elementos deseables en cualquier democracia: contar con autoridades que cumplan con sus funciones, un manejo simétrico de la información gubernamental y de la información con la que se toman las decisiones públicas, una ciudadanía participativa y capaz de sostener un pensamiento crítico que le impida ser subordinada mediante el discurso del gobierno, entre otros. Cuando se evalúan elementos relativos al procedimiento democrático, las mediciones suelen enfocarse en las instituciones como unidad de análisis y lo hacen con una óptica vertical, desde lo más alto del poder hacia abajo. En esta corriente destaca la propuesta de<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref2"> Diamond y Morlino (2005: 212, 213)</xref>, que define a una democracia de calidad como la que tiene una estructura institucional estable, con mecanismos funcionales y una legitimidad derivada del reconocimiento ciudadano a las instituciones, ya que promueven la libertad y la igualdad. Las dimensiones en las que mide la calidad son el imperio de la ley, participación ciudadana y la rendición de cuentas. </p><p> La calidad de una democracia no estriba únicamente en cumplir con una serie de indicadores (ese es el manejo inapropiado que se ha dado por los organismos internacionales), es menester que tenga de trasfondo el principio de justicia, legitimidad, eficacia, responsividad y satisfacción ciudadana para considerarla como una buena democracia. Si las instituciones no son justas, entonces debe haber un cambio institucional. </p><p> En la perspectiva de Rawls (en<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref3"> Gargarella, 1999: 21</xref>) la justicia es el valor que debe prevalecer en la vida de una institución política. Sin embargo, la justicia entra en conflicto al tener la necesidad de establecer una jerarquía entre el resto de los principios y valores que en la institución tienen lugar. Para subsanar ese conflicto Dworkin (en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref3">Gargarella, 1999: 28) </xref>sugiere incorporar un cuerpo de derechos fundamentales que no estén sujetos a modificaciones ni mutilaciones, que a pesar de las decisiones mayoritarias no puedan dejarse de lado. Así pues, la teoría de la justicia de Rawls se dirige a las instituciones sociales (jurídicas, políticas o económicas), y al modo en que distribuyen los derechos y obligaciones fundamentales. Estos aspectos van relacionados más con el diseño institucional, aunque es necesario complementarlo con el estudio del discurso institucional bajo la perspectiva metapolítica, la única capaz de generar una visión crítica. En contraste, la calidad de la democracia desde la mira procedimental incorpora un punto clave, los mecanismos de Accountability de diversa índole, algo que resulta indispensable para el tratamiento y la solución del problema planteado en un inicio, la corrupción de las instituciones políticas, la fetichización del poder.</p></sec><sec sec-type="discussion"><title>Calidad
de las democracias latinoamericanas</title><p>La calidad de las democracias
latinoamericanas, en cuanto al nivel de institucionalización, se encuentra
bastante alejado al ideal propuesto en La
Poliarquía de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref1">Dahl (1989: 15)</xref>, ya que, aunque se cuenta con las elecciones
como institución democrática por excelencia, los 8 puntos que propone están
presentes, pero de una manera incompleta, en el caso de México:</p><p><list list-type="order"><list-item><p> Libertad de asociación, es promovida cuando se cuenta con un gran número de afiliados y se promueve como un partido político, pero en los casos de un número mediano de personas y los temas que se tratan en esa asociación son opuestos al discurso gubernamental, existen herramientas <xref ref-type="fn" rid="fn4">(4)</xref> que pueden castigarlos como si se tratase de crimen organizado.</p></list-item><list-item><p>Libertad de expresión, lo cuestionable en este punto es
la censura que impone el gobierno a las opiniones desfavorables, así como la
veracidad y objetividad de la información que se externa en los medios de
comunicación, ya que la otra cara de la moneda de la libertad de expresión
(como lo señala el artículo 6º constitucional) es el derecho a la información,
que aún no se encuentra del todo garantizado en cuanto a los contenidos que se
imparten en la señal de acceso gratuito o al manejo de información por parte de
instancias gubernamentales;</p></list-item><list-item><p>Sufragio libre y universal, ha habido un buen avance en cuanto
a la cobertura de ciudadanos con derecho al voto, sin embargo hay bastantes
restricciones fácticas al momento de intentar votar fuera del distrito
electoral, a pesar de tratarse de una elección para funcionarios federales; en
cuanto a la libertad, las instituciones sostienen la postura de que sí lo son,
sin embargo, es común en las jornadas electorales encontrar impugnaciones sobre
la coacción a los votantes y el condicionamiento del voto a cambio de recibir
apoyos de los programas sociales de asistencia.</p></list-item><list-item><p>Elegibilidad para el servicio público, las
autoridades son electas, aunque de manera parcial, la elección del ciudadano se
limita a determinados miembros del poder legislativo y ejecutivo, por lo que el
resto de dichos poderes (miembros de gabinetes, secretarías, ayuntamientos y
legisladores plurinominales) y el poder judicial en su totalidad, no están
sujetos a una verdadera elección popular. Además, los puestos designados por
evaluación de capacidades representan menos del 1% del total de la
administración pública, y no se registra un porcentaje de casos de despido por
motivo de ineficiencia ejecutiva <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref5">(Méndez, 2010: 192 - 196)</xref>;</p></list-item><list-item><p>Derecho
de los líderes políticos a competir en busca de apoyo, teóricamente
cualquiera tiene el derecho a votar y ser votado, sin embargo, en la práctica
la situación es alejada al planteamiento, los únicos que pueden ser electos son
los que logran pasar el filtro de algún partido político, pues las candidaturas
ciudadanas son apenas un tema que se discute en las legislaturas.</p></list-item><list-item><p>Diversidad de las fuentes de información, en cuanto
a los medios que transmiten la información de manera masiva en el país no hay
alternativas reales, ya que los dueños de las cadenas más importantes son un
número reducido (Televisa controla el 70 % de la audiencia, TV Azteca el 28%) y
el contenido representa el interés particular de sus dueños o de quienes pagan
por aparecer al aire, incluso se ha vinculado con algunos partidos políticos al
contratar a cientos de cabilderos o financiar las campañas electorales de
algunos representantes (como el caso de la Tele-bancada
en las legislaciones referentes a telecomunicaciones) y la colonización en los
aparatos que debieran de regularlos, como son la Comisión Federal de
Telecomunicaciones y la Comisión Federal de Competencia<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref7"> (Olvera, 2011: 328 y
329);</xref> lo anterior reduce la capacidad de generar una opinión crítica informada
y una postura que no sea la que ellos comparten <xref ref-type="fn" rid="fn5">(5)</xref>;</p></list-item><list-item><p>Elecciones libres e imparciales, este es uno de los puntos
más débiles, ya que son fundamentalmente consideraciones subjetivas el grado de
libertad y limpieza de la jornada electoral y su valoración. En México hay una
larga tradición de compra, coacción, amenazas, condicionamiento y manipulación
de los votos y los resultados electorales <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref7">(Olvera, 2011: 313)</xref>, aunque es poca
la información al respecto en los medios de comunicación y su naturaleza oculta
genera poca evidencia al respecto.</p></list-item><list-item><p>Instituciones que garanticen que la política del gobierno dependa de los votos
y demás formas de expresar las diferencias, los votos
y la voluntad de la población suele ser considerada únicamente para la
instalación del gobierno, ya instalado, el gobierno toma sus decisiones en base
a propios criterios o siguiendo la ideología de su partido, las consultas
ciudadanas y mecanismos de democracia directa suelen usarse en escasas
ocasiones para temas accesorios. Un caso en el que se concilian diferencias y
puntos de vista es en la firma de un acuerdo político (como es el Pacto por
México, aunque se trata solamente de tres puntos de vista, los pertenecientes a
los tres partidos más poderosos de México, PRI, PAN y PRD).</p></list-item></list></p><p> Partiendo del análisis que sugiere <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref1">Dahl (1989: 15)</xref>, en realidad estamos lejos de ser un Estado altamente institucionalizado, políticamente hablando. La institucionalización puede contemplar tanto reglas formales como informales; en cuanto a las instituciones formales, las elecciones probablemente se sigan consolidando a pesar de las fallas mencionadas, pero en cuanto a las reglas informales, la práctica predominante en América Latina y en particular en México es el clientelismo <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref7">(Olvera, 2011:</xref>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref7">317</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref6">O’Donnell, 1997: 307, 318, 326)</xref> que se adueña de la estructura institucional y la corrompe, en las modalidades de nepotismo, patronazgo, favoritismo, incumplimiento y corrupción, todas ellas en forma de rituales políticos <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref6">(O’Donnell, 1997: 319)</xref> se van haciendo parte del momento parapolítico, es decir, son la manera tradicional de hacer los arreglos políticos <xref ref-type="fn" rid="fn6">(6)</xref> mientras que la desconfianza e insatisfacción que generan en la ciudadanía provocan antipatía política y una carente participación informada, por lo que la etapa de metapolítica propuesta por<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref8"> Rancière (2007: 107)</xref> parece lejana en nuestro contexto. </p><p> La institucionalización de las elecciones constituye un mecanismo de Accountability retrospectivo y vertical<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref6"> (O’Donnell, 1997: 296, 324)</xref> en el que el ciudadano puede retirar su apoyo electoral al funcionario que le ha defraudado en sus expectativas, sin embargo ese mecanismo se lleva a cabo una vez cada varios años, y pocas veces el funcionario que actuó mal se expone a esa revisión, ya que la reelección personal no opera en los cargos electivos de representación, generalmente quien lleva esa carga es el partido político, que suele provocar el olvido del error mediante fuertes campañas mediáticas distractoras. Muchas veces el ciudadano no puede saber quién es el responsable para retirarle el voto por determinadas acciones, las políticas abarcan amplios sectores y programas, el ciudadano solamente cuenta con un voto (o estrictamente con el voto para tres niveles ejecutivos y dos legislativos desagregados posteriormente en senadores, diputados locales y diputados federales). Según <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511150013_ref6">O’Donnell (1997: 293) </xref>“Una democracia no institucionalizada se caracteriza por el poco alcance, la debilidad y la baja densidad de las instituciones políticas existentes. El lugar de esas instituciones queda ocupado por otras prácticas no formalizadas, pero firmemente afirmadas –el clientelismo, el patrimonialismo y la corrupción-.”</p></sec></body><back><ref-list><title>Bibliografía</title><ref id="redalyc_2511150013_ref1"><mixed-citation>Dahl, R. (1989) La poliarquía, participación y oposición. Madrid: Tecnos.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Dahl</surname><given-names>R.</given-names></name></person-group><source>Tecnos</source><year>1989</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref2"><mixed-citation>Diamond L. y Morlino, L. (eds.) (2005) Assessing the Quality of Democracy. Baltimore: The John Hopkins University Press.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>L.</surname><given-names>Diamond</given-names></name><name><surname>Morlino</surname><given-names>L.</given-names></name></person-group><source>The John Hopkins University Press</source><year>2005</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref3"><mixed-citation>Gargarella, R. (1999) Las teorías de la justicia después de Rawls, un breve manual de filosofía política. Buenos Aires: Paidós.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Gargarella</surname><given-names>R.</given-names></name></person-group><source>Paidós</source><year>1999</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref4"><mixed-citation>Lefort, C. (1990) La invención democrática. Buenos Aires: Nueva Visión.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Lefort</surname><given-names>C.</given-names></name></person-group><source>Nueva Visión</source><year>1990</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref5"><mixed-citation>Méndez, J. (2010). “El Servicio Profesional de Carrera en la Administración pública Federal” en Los grandes problemas de México, Tomo XIII Políticas Públicas. México, D.F.: El Colegio de México.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Méndez</surname><given-names>J.</given-names></name></person-group><source>El Colegio de México</source><year>2010</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref6"><mixed-citation>O’Donnell, G (1997) Contrapuntos, Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización. Buenos Aires: Paidós.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>O’Donnell</surname><given-names>G</given-names></name></person-group><source>Paidós</source><year>1997</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref7"><mixed-citation>Olvera, A. (2011) “Poderes Fácticos y democracia en México: sindicatos, caciques, monopolios y delincuencia organizada en un país en transición”. En Ciudadanía y legitimidad democrática en América Latina. Buenos Aires: Prometeo.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Olvera</surname><given-names>A.</given-names></name></person-group><source>Prometeo</source><year>2011</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref8"><mixed-citation>Rancière, J. (2007) El desacuerdo, política y filosofía. Buenos Aires: Nueva Visión.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Rancière</surname><given-names>J.</given-names></name></person-group><source>Nueva Visión</source><year>2007</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511150013_ref9"><mixed-citation>Rosanvallon, P. (2006) “La historia de la palabra “democracia” en la época moderna” en Estudios Políticos. Núm. 28, pp. 9-28.</mixed-citation><element-citation publication-type="journal"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Rosanvallon</surname><given-names>P.</given-names></name></person-group><article-title>La historia de la palabra “democracia” en la época moderna</article-title><source>Estudios Políticos</source><year>2006</year></element-citation></ref></ref-list><fn-group><title>Notas</title><fn id="fn9999"><label>*</label><p>Esta versión del marcado fue hecha por Realidad e Historia (Concepción, Chile) en 2026 sobre la base del XML original de la revista. Se normalizó el uso del identificador persistente ARK, el elocation ID y nuevas galeradas XML-JATS, EPUB, HTML y PDF. A excepción de lo antes explícitamente mencionado, no se realizaron cambios en el artículo. Las versiones anteriores se encuentran en Zenodo 10.5281/zenodo.3906835 y AmeliCA 2511150013.</p></fn><fn id="fn1" fn-type="other"><label>1. </label><p>Siguiendo
el planteamiento de Rancière (2007: 88), la arquipolítica expone el proyecto de
la comunidad en el poder como congruente con el de la comunidad que genera el
poder (el proyecto de los gobernantes pretende ser equivalente al de la
sociedad) aprovechando la sensibilización que provoca el proceso de
socialización, pretendiendo a la vez solucionar la paradoja de la parte de los
sin parte, como si la política fuese equivalente al espíritu de la ley (que es
el medio por el que se expresa el discurso) reflejando el sentir de la
comunidad, cuando en realidad es el sentir de aquellos que elaboran esa ley
(los miembros del Congreso Legislativo), en otras palabras, la ley porta el
discurso político, y el espíritu de la ley lo que permite interpretar es la
intención del representante, no del representado.</p></fn><fn id="fn2" fn-type="other"><label>2. </label><p>La
parapolítica tiende a identificar a la actividad política con el orden
policial, es necesario aclarar aquí que para Rancière (2007: 22), lo que se
considera como política es únicamente el momento en que los sin parte (o los
excluidos de la garantía de algún derecho) levantan la voz para ser reconocidos
como sujetos que pueden hablar y dirigir el rumbo del Estado estableciendo los
principios y objetivos que debe contemplar el discurso; el término policial (o
policía), Rancière (2007: 44 y 45) lo usa para describir el curso común que
siguen las políticas públicas previamente establecidas para mantener el orden
de las cosas en su estado actual, para sustentar el statu quo sin modificación
alguna; entonces se interrumpe el objeto del litigio del pueblo y se somete la
exigencia de las reivindicaciones al cumplimiento de los programas de políticas
públicas generadas dentro del marco discursivo del espíritu de la ley, es aquí
cuando los oligarcas imponen la búsqueda de sus intereses, anulando la
intención de que las políticas trabajen para el resto, se pone a los derechos
subjetivos como la regla objetiva, entonces la parte despojada se convierte en
un obstáculo para la soberanía según el discurso manejado.</p></fn><fn id="fn3" fn-type="other"><label>3. </label><p>La
metapolítica, es la etapa con una visión más crítica en la que se advierte la
injusticia y la desigualdad generada por lo anterior, es el discurso sobre la
falsedad de la política y desconoce la verdad planteada por las otras figuras,
es el momento en que la liberación tiene lugar, es lo que Rancière (2007: 112)
denomina el fin de lo político, pues los supuestos del discurso oficial pierden
validez, se anula la política establecida y surge entonces un nuevo acomodo
político.</p></fn><fn id="fn4" fn-type="other"><label>4. </label><p>Las
herramientas políticas en este terreno pueden ser varias relacionadas con la
impartición de justicia, como la fabricación de delitos a sujetos de escasos
recursos que resultan incapaces de formular una defensa decente o pagarla, o la
desaparición de personas por parte de grupos poderosos, lo cual hace juego con
el alto índice de impunidad (97%) en un sistema en el que los altos
delincuentes no son denunciados por miedo y falta de confianza a las
instituciones de justicia, y los delincuentes de bajos recursos son los únicos
que suelen recibir castigo, eso sin contar los casos de inocentes que terminan
purgando una pena por un juicio mal llevado a cabo o por falta de recursos para
su defensa.</p></fn><fn id="fn5" fn-type="other"><label>5.</label><p>Aquí
es posible complementar el análisis sobre la arquipolítica y la parapolítica,
es aquí donde se refuerzan esos mecanismos discursivos mencionados con
anterioridad, y el grueso de la población que no tiene acceso a medios libres y
alternativos como el internet, la televisión extranjera o los canales que no
pertenecen a esa élite ve mermada su capacidad de generar la metapolítica, por
lo general se conforman con el discurso transmitido por este grupo poderoso,
pues no están conscientes de que hay otra visión.</p></fn><fn id="fn6" fn-type="other"><label>6. </label><p>Olvera
(2011: 317) afirma que tanto la concesión de funciones públicas a agentes
privados, como los acuerdos privados entre actores estatales y del mercado han
sido acciones manejadas de manera corrupta desde hace varios siglos, guiando
una buena parte de la política en México.</p></fn></fn-group></back></article>
