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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="Marcalyc 1.2" article-type="research-article" xml:lang="es"><front><journal-meta><journal-id journal-id-type="redalyc">251</journal-id><journal-title-group><journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Analéctica</journal-title></journal-title-group><issn pub-type="epub">2591-5894</issn><publisher><publisher-name>Red de Esfuerzos para el Desarrollo Social Local, A.C. y Arkho Ediciones</publisher-name><publisher-loc><country>Argentina</country><email>revista@analectica.org</email></publisher-loc></publisher></journal-meta><article-meta><article-id pub-id-type="ark">https://n2t.net/ark:34892/409605</article-id><article-categories><subj-group subj-group-type="heading"><subject>Artículos</subject></subj-group></article-categories><title-group><article-title xml:lang="es">La literatura chicana como expresión de literatura decolonial: Rudolfo Anaya</article-title><trans-title-group><trans-title xml:lang="en">Chicano literature as an expression of decolonial literature: Rudolfo Anaya</trans-title></trans-title-group></title-group><contrib-group><contrib contrib-type="author" corresp="no"><contrib-id contrib-id-type="orcid">http://orcid.org/0000-0002-4660-3312</contrib-id><name name-style="western"><surname>Limeres Novoa</surname><given-names>Fernando</given-names></name><xref ref-type="aff" rid="aff1"/><email>fernandolimeres@yahoo.es</email></contrib></contrib-group><aff id="aff1"><institution content-type="original">Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales</institution><institution content-type="orgname">Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales</institution><country country="AR">Argentina</country></aff><pub-date pub-type="epub-ppub"><season>Mayo-Junio</season><year>2019</year></pub-date><volume>5</volume><issue>34</issue><elocation-id>e409605</elocation-id><history><date date-type="received" publication-format="dd mes yyyy"><day>05</day><month>02</month><year>2019</year></date><date date-type="accepted" publication-format="dd mes yyyy"><day>23</day><month>04</month><year>2019</year></date></history><permissions><ali:free_to_read/><license xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/"><ali:license_ref xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0">https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/</ali:license_ref><license-p>Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA) 4.0</license-p></license></permissions><abstract xml:lang="es"><title>Resumen</title><p> El análisis crítico decolonial como praxis académica constituye, entre otras vertientes de su heterogénea fertilidad, por una parte, un análisis del discurso; más precisamente, un análisis de las subjetividades presentes en el discurso y por otra, un análisis de la vinculación de la producción de sentido discursiva en relación con los marcos culturales que contextualizan dicha elaboración. Producción de sentido que tiene preponderancia en todos los discursos sociales; o considerados útiles socialmente y en particular, en la literatura. Stuart Hall ya había señalado que la subjetividad es en todos los casos un discurso narrativo, esto es, un relato ya establecido que el sujeto encuentra en una cultura. De modo que adquieren relevancia todos aquellos interrogantes que problematizan el cómo, el qué, el para qué se construye una subjetividad histórica determinada en el seno de una práctica discursiva, como una serie literaria dada.</p></abstract><trans-abstract xml:lang="en"><title>Abstract</title><p> Decolonial critical analysis as academic praxis constitutes, among other aspects of its heterogeneous fertility, on the one hand, an analysis of discourse; more precisely, an analysis of the subjectivities present in the discourse and, on the other hand, an analysis of the link between the production of discursive meaning in relation to the cultural frameworks that contextualize said elaboration. Production of meaning that has preponderance in all social discourses; or considered useful socially and in particular, in the literature. Stuart Hall had already pointed out that subjectivity is in all cases a narrative discourse, that is, an already established story that the subject finds in a culture. Thus, all those questions that problematize the how, the what, the why, a specific historical subjectivity is built within a discursive practice, as a given literary series, acquire relevance.</p></trans-abstract><kwd-group xml:lang="es"><title>Palabras clave</title><kwd>literatura chicana</kwd><kwd> Rudolfo Anaya</kwd><kwd> literatura decolonial</kwd></kwd-group><kwd-group xml:lang="en"><title>Keywords</title><kwd>Chicano literature</kwd><kwd> Rudolfo Anaya</kwd><kwd> decolonial literature</kwd></kwd-group><counts><fig-count count="0"/><table-count count="0"/><equation-count count="0"/><ref-count count="0"/></counts></article-meta></front><body><sec><title/><p><xref ref-type="fn" rid="fn9999">*</xref></p><p><verse-group><title/><verse-line>“La
decolonialidad es “la energía que no se deja manejar por la lógica de la
colonialidad, ni se cree los cuentos de hadas de la retórica de la modernidad.
Si la decolonialidad tiene una variada gama de manifestaciones (...), el
pensamiento decolonial es, entonces, el pensamiento que se desprende y se abre
(...), encubierto por la racionalidad moderna, montado y encerrado en las
categorías del griego y del latín y de las seis lenguas imperiales europeas
modernas.”</verse-line><attrib>Walter Mignolo</attrib></verse-group></p><p> El análisis crítico decolonial como praxis
académica constituye, entre otras vertientes de su heterogénea fertilidad, por
una parte, un análisis del discurso; más precisamente, un análisis de las
subjetividades presentes en el discurso y por otra, un análisis de la
vinculación de la producción de sentido discursiva en relación con los marcos
culturales que contextualizan dicha elaboración. Producción de sentido que
tiene preponderancia en todos los discursos sociales; o considerados útiles
socialmente y en particular, en la literatura. Stuart Hall ya había señalado
que la subjetividad es en todos los casos un discurso narrativo, esto es, un
relato ya establecido que el sujeto encuentra en una cultura. De modo que
adquieren relevancia todos aquellos interrogantes que problematizan el cómo, el
qué, el para qué se construye una subjetividad histórica determinada en el seno
de una práctica discursiva, como una serie literaria dada. Ya Voloshinov/Bajtín
habían examinado la politicidad y la naturaleza coercitiva de ciertas prácticas
discursivas y como el lenguaje va reflejando desde el punto de vista histórico
la cosmovisión de la superestructura social. De modo que su hegemonía no solo
es económica sino asimismo cultural cristalizada en la difusión de determinados
valores a partir de textos considerados sagrados en la antigüedad y luego, a
partir de la literatura, institucionalizada con el enciclopedismo francés en el
siglo XVIII. </p><p>Por otro lado, en relación
con la categoría de subjetividad se establece en una vinculación dialéctica la
categoría de alteridad, dado que la subjetividad individual o social se define
en tanto encuentra los límites del otro. De este modo la subjetividad en toda
la tradición europea se construye a partir de la designación del otro o mejor
de lo otro; ya que la otredad siempre se encuentra representada discursivamente
en términos de inferioridad respecto del yo que escribe; es decir, que
clasifica en un marco axiológico al otro y al mundo en términos de
autorreferencialidad. En este sentido, la subjetividad constituye esa
proyección discursiva que se sitúa entre ese yo y el otro. Esta otra encarna la
diferencia en sus diversos grados y motivaciones: diferencia cultural, física,
sexual, moral. Así el otro en esta reconfiguración que propone la subjetividad
del narrador es construido siempre en la falla; dado que, en todos los casos,
la escritura expresará su naturaleza incompleta; en todos los planos de la cultura humana; asimismo su imposibilidad; imposibilidad de constituirse en términos textuales equivalentes respecto de la subjetividad del narrador.</p><p>Sucede de este modo tanto en el
corpus de las crónicas de Indias, en los libros de viajes de los viajeros
ilustrados en el siglo XVIII; así como los dislates textuales del positivismo
del XIX. Los ejemplos son innumerables desde Cook hasta Estanislao Zeballos. Lo
trascendente desde una perspectiva epistemológica crítica consiste en
establecer el denominador común de todos estos textos. Este radica en el eurocentrismo.
El eurocentrismo es el prejuicio que les permite empezar a creer que pueden
dominar el mundo. De acuerdo con Samir Amin, a partir del renacimiento los
europeos constatan su superioridad respecto del resto del orbe. Perciben que el
capitalismo, la tecnología y el cristianismo les otorga una superioridad respecto
de las civilizaciones que se encuentran en América, Asia y África. Y por
supuesto tal creencia se consolida en sus manifestaciones textuales. De este
modo los otros son representado textualmente a partir de dos coordenadas la
hegemonía que persigue la cultura a la que pertenece la subjetividad que
postula los sentidos y por otro, un racionalismo que subordina lo constatado,
la multiplicidad de datos que se acopian en función directa de los prejuicios
que harán que esos datos presenten a los otros siempre en términos de
inferioridad, salvajismo, atraso y una serie de predicados que invariables en
el tiempo constituyen una densa red de vínculos intertextuales, como demostró
Said en el caso de Oriente.</p><p>De este modo, de acuerdo con las polaridades que la
subjetividad eurocéntrica establece es convertido en objeto referido; la práctica
textual se articula a partir de la objetivación que es deshumanización y en
términos epistemológicos descontextualización para constituir una
seudodiscursividad científica que construye un sentido total a partir del
fragmento, de lo descontextualizado y que expresa la aporía de la universalidad
cuando en rigor, su discurso es autorreferencial; la autorreferencialidad
eurocéntrica a partir de la cual se establecen los parámetros de medida y
juicio que articulan el discurso de la ciencia y de la civilización que no es
otro que el discurso que legitimará el avasallamiento imperial-colonial
necesario para el ordenamiento del sistema mundo en centro y periferias. Así el
otro, el salvaje seguirá siéndolo ya que, en ningún caso, aun intentándolo
podrá superar la jerarquía ontológica entre colonizador y colonizado. Fanon,
Leopoldo Zea (2015) y Fernández Retamar constatan este tópico que el despliegue
de a subjetividad colonizadora refuerza. Por lo que el otro desaparece en los
relatos en tanto sujeto capaz de auto representación; se convierte en un
predicado referido por un sujeto de la enunciación exógeno que intenta
explicarlo a partir y en favor de sus categorías epistémicas. Así la otredad en
el plano textual constituye un espejo que devuelve de modo indirecto la imagen
del narrador, en definitiva, de acuerdo con Foucault funciona para que el
propio narrador consolide y construya sus propios lugares de enunciación en el
texto. La otredad se resuelve en pretexto para que el narrador encuentre y
verbalice las contradicciones del bárbaro para legitimar su discurso de
dominación imperial.</p><p>Frente a lo anterior, en estos discursos monológicos el
otro carece de significado en las estrategias textuales significantes. Por
ende, la posibilidad ostensible es reconstruirse en su propia textualidad;
realizarse en su propia hermenéutica. Históricamente en América latina, desde
la perspectiva decolonial ha habido dos corrientes que establecen un movimiento
de disrupción orientado a la elaboración de un discurso propio en el terreno de
la literatura. Discurso propio significa que el oprimido en términos de Fanon,
asume la batalla discursiva como un avatar más del combate por la recuperación
de su dignidad. En primer lugar, la literatura indigenista en Perú, Ecuador y
México a partir de la década del cuarenta y la literatura chicana, menos
conocida en nuestros ámbitos académicos, pero igual de emblemática en tanto
consolidación de una paraliteratura al margen de los cánones literarios de la
homogeneidad textual euro dependiente. Ahora bien, en este primer aspecto
radica la naturaleza decolonial de la literatura chicana: en su originalidad.
Originalidad no entendida como una cualidad per se manifestada en el plano
temático o lingüístico. En este aspecto, la originalidad de la literatura
chicana es articular novelas y producciones culturales a partir de un sujeto de
la enunciación que narra por una parte desde la crítica y la interpelación de
una diégesis de la colonialidad y por otra, una empatía vehemente con los
sujetos de esa colonialidad que refieren su historia en la primera persona de
los excluidos. Lo anterior en la triple dimensión significante de la prosa
literaria: plano de la representación, plano de la significación y plano de la
designación. La historia del colectivo chicano en los Estados Unidos se inicia
con la firma del tratado Guadalupe Hidalgo en 1848 que finaliza la guerra entre
México y Estados Unidos. El tratado estableció que México cedería más de la
mitad de su territorio, que comprende la totalidad de lo que hoy son los
estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, parte de Arizona, Colorado,
Kansas y Oklahoma. </p><p>En virtud de este tratado, México cedió más de la mitad de
su territorio y la frontera entre ambas naciones se estableció en el Río Bravo.
De este modo el apelativo “chicano” se convirtió en primer lugar para los
individuos procedentes de estos territorios, aunque luego se aplicó a los
sujetos con ascendencia mexicana; en tanto que en primer lugar predominaba el
término como un gentilicio luego se convirtió en un etnónimo. En virtud de la
firma del tratado anteriormente mencionado los chicanos sufrieron una situación
de colonialismo interno en la que antes había sido su propia tierra. Para un
gran número de autores (Acuña (1988), Blauner (1969), González Casanova (1972),
entre otros) en el colonialismo interno, la colonización de las minorías se
opera mediante una serie de procesos culturales, económicos y políticos a
partir de los cuales un grupo hegemónico se imponía al resto de la población.
La perspectiva del colonialismo interno se reforzaba con las categorías de
clase y raza. Según Bailey y Flores (1973: 154-156) los factores que
sostuvieron el colonialismo interno en los Estados Unidos han sido: 1)
conquista, 2) capitalismo y 3) aculturación y racismo. De acuerdo con estos
autores existe una contradicción flagrante entre la imagen exterior de Estados
Unidos como paradigma de la libertad y de la democracia y la opresión de las
minorías no blancas en el interior del país. Para Guerra (1975:7) los chicanos:
“(...) somos una colonia dentro de los Estados Unidos. Es decir, no somos una
gente independiente sino una gente que depende del gringo y sus sistemas. La
historia comprueba que así ha sido desde que el gringo tomó el control a fuerza
de arma de la política, de la economía y de nuestra cultura. Desde entonces
nuestro destino no es nuestro”. </p><p>Contra esta situación de discriminación
reacciona la literatura chicana. En principio, la literatura chicana supone un
fenómeno lingüístico notable dado que se escribe mayoritariamente en inglés,
con autores como Rudolfo Anaya, Sandra Cisneros y Ron Arias. Pero existe un
nutrido grupo de creadores que escriben en ambas lenguas indistintamente como
Rolando Hinojosa-Smith, Tomás Rivera o Alejandro Morales (esta opción es cada
vez mayor al haber ediciones bilingües). Por último, están los creadores que
escriben íntegramente en español; esta opción es la más minoritaria, destacando
Miguel Méndez, Margarita Cota-Cárdenas, Aristeo Brito y Jorge Majfud. Dentro
del contexto de la tradición chicana el autor que en mayor medida reflejó la situación
del colonialismo interno fue para la mayoría de la crítica Rudolfo Anaya. Sus
novelas han surgido de la observación de las penalidades de su colectivo y de
encontrar una coincidencia entre los chicanos y los pueblos del Tercer Mundo.
Ya que para el autor “Los chicanos son el Tercer Mundo en el alma de los Estados
Unidos” (1986: 91). Para Anaya existe un conflicto entre la sociedad
estadounidenses y los chicanos: la primera forzó a los segundos a adoptar su
sistema de vida. Dado que los angloamericanos habían impuesto su modo de vida
sobre los territorios conquistados. Para Farrel la obra de Anaya es literatura
de la liberación ya que mostró las estructuras sobre las cuales se produjo la
colonización interna de los chicanos: en primer lugar, el capitalismo explotó a
los trabajadores mexicanoamericanos para desarrollar la economía
estadounidense. Los chicanos fueron recluidos en una zona de marginalidad
social y cultural y han sufrido un continuo avasallamiento sobre su propia
cultura. Para Anaya, el capitalismo yanqui significó un modo diferente de
manipular los recursos naturales. </p><p>Por otra parte, la cultura sirvió al
colectivo como discurso de denuncia y resistencia en estos mismos parámetros se
enmarcan las novelas de Anaya: “Bless Me, Ultima”. Esta novela ganó el Premio
Quinto Sol y es considerada un clásico de la literatura chicana. Luego de
“Bless Me, Ultima”, Anaya publicó “Heart of Aztlán” (1978) y “Tortuga” (1979),
formando una trilogía. “Blesss me, ultima” se ha convertido en la novela más
leída y aclamada por la crítica en el canon literario chicano desde su primera
publicación en 1972. La novela refleja la cultura chicana de la década de 1940
en la zona rural de Nuevo México. El uso que hace Anaya del español, la
presencia mítica en la representación del paisaje de Nuevo México, la
incorporación de motivos de la cultura popular como La Llorona constituyen
trazos de lo popular que caracteriza toda su narrativa. La relación
autobiográfica entre Anaya y su primera novela comienza a través de las propias
palabras al reflexionar sobre el trabajo de su vida como artista y como
chicano: “Lo que he querido hacer es componer la cosmovisión chicana, la
síntesis que muestra nuestra verdadera identidad mestiza, y aclararla para mi
comunidad y para mí. Escribir para mí es una forma de conocimiento, y lo que
encuentro ilumina mi vida”. (Anaya:1999) La novela se centra en la
transformación espiritual de un niño en medio de cambios culturales y sociales
en el suroeste de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El trabajo
de Anaya tiene como objetivo reflejar la singularidad de la experiencia chicana
en el contexto de la modernización en Nuevo México. Así La novela comienza
cuando el protagonista, Antonio, se acerca a la edad de siete años y su familia
decide albergar a Ultima, una curandera anciana. Ultima, conocida como "La
Grande" en la casa de Márez, encarna la sabiduría de sus antepasados y los
poderes para curar, enfrentar el mal, el conocimiento de cómo usar el poder de
la naturaleza y la capacidad de entender la relación con los espíritus. Los
padres de Antonio tienen puntos de vista conflictivos sobre su futuro. Por el
lado de su padre se encuentran los Márez (descendientes del mar), son los
vaqueros inquietos que vagan por los llanos y buscan la aventura. Los Lunas,
por parte de su madre, son la gente de la luna, granjeros religiosos cuyo
destino es trabajar la tierra. Cada parte de la familia quiere el control del
futuro del recién nacido. Esta lucha por la consolidación de un destino y de
una identidad se proyectarán en el desarrollo y el aprendizaje de Antonio. </p><p>En una línea más social, “Corazón de Aztlán”
es la segunda novela de Rudolfo Anaya de una trilogía que incluye “Bless Me,
Ultima” (1972) y “Tortuga” (1979). Es un retrato psicológico de una búsqueda de
la identidad y el empoderamiento de los chicanos. La novela comienza con la
familia Chávez vendiendo lo último de sus tierras y dejando la pequeña ciudad
de Guadalupe para una nueva vida en Albuquerque. Van a vivir a Barelas, un
barrio en el lado oeste de la ciudad poblado de inmigrantes como ellos La familia
Chávez comprende pronto que sus vidas no les pertenecen dado que son víctimas
de intereses económicos representados por la construcción del ferrocarril y el
sindicato y políticos venales. Ahora bien: para terminar, es menester
preguntarse ¿por qué las novelas de Anaya como en general la novelística
chicana representan ejemplos de una corriente literaria decolonial?: en
principio, porque su lugar de la enunciación radica en la perspectiva del
colonizado a partir de la cual se organiza la diégesis; en segundo lugar, uno
de los temas fundamentales es la búsqueda de la identidad; esto es, el rescate
de la cosmovisión cultural del colonizado y su subjetividad frente a la
imposición de una cultura dominante, en tercer lugar, porque se resignifica en
términos positivos el mito, la cultura popular como formas legítimas de
conocimiento y en cuarto lugar, porque se procura como efecto de lectura la
conciencia crítica de sus lectores.</p></sec></body><back><fn-group><fn id="fn9999"><label>*</label><p>Esta versión del marcado fue hecha por Realidad e Historia (Concepción, Chile) en 2026 sobre la base del XML original de la revista. Se normalizó el uso del identificador persistente ARK, el elocation ID y nuevas galeradas XML-JATS, EPUB, HTML y PDF. A excepción de lo antes explícitamente mencionado, no se realizaron cambios en el artículo. Las versiones anteriores se encuentran en Zenodo 10.5281/zenodo.4295997 y AmeliCA 2511681004.</p></fn></fn-group></back></article>
