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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="Marcalyc 1.2" article-type="research-article" xml:lang="es"><front><journal-meta><journal-id journal-id-type="redalyc">251</journal-id><journal-title-group><journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Analéctica</journal-title></journal-title-group><issn pub-type="epub">2591-5894</issn><publisher><publisher-name>Red de Esfuerzos para el Desarrollo Social Local, A.C.</publisher-name><publisher-loc><country>México</country><email>revista@analectica.org</email></publisher-loc></publisher></journal-meta><article-meta><article-id pub-id-type="ark">https://n2t.net/ark:34892/840206</article-id><article-categories><subj-group subj-group-type="heading"><subject>Artículos</subject></subj-group></article-categories><title-group><article-title xml:lang="es">El ángulo de lectura de la historia de los académicos de Nuestra América</article-title><trans-title-group><trans-title xml:lang="en">The reading angle of the History of the academics of Our America</trans-title></trans-title-group></title-group><contrib-group><contrib contrib-type="author" corresp="no"><name name-style="western"><surname>Vila De Prado</surname><given-names>Roberto</given-names></name><xref ref-type="aff" rid="aff1"/><email>titov@cotas.com.bo</email></contrib></contrib-group><aff id="aff1"><institution content-type="original">Profesor Emérito</institution><institution content-type="orgname">Universidad Autónoma Gabriel René Moreno</institution><country country="BO">Bolivia</country></aff><pub-date pub-type="epub-ppub"><season>Mayo-Junio</season><year>2016</year></pub-date><volume>2</volume><issue>16</issue><elocation-id>e840206</elocation-id><history><date date-type="received" publication-format="dd mes yyyy"><day>13</day><month>01</month><year>2016</year></date><date date-type="accepted" publication-format="dd mes yyyy"><day>26</day><month>04</month><year>2016</year></date></history><permissions><ali:free_to_read/><license xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/"><ali:license_ref xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0">https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/</ali:license_ref><license-p>Atribución-NoComercial-CompartirIgual (CC BY-NC-SA) 4.0</license-p></license></permissions><abstract xml:lang="es"><title>Resumen</title><p> La crítica al eurocentrismo se basa en el rechazo de la idea según la cual la epistemología europea es universal. Esto se ha puesto de manifiesto en las humanidades, donde el conocimiento tiene varias versiones e interpretaciones; mientras que en las ciencias “fuertes” (como las exactas y naturales) el conocimiento tiende a ser uno en cada época. Una de las características más importantes de las relaciones entre los países centrales occidentales y los periféricos es la resistencia cultural que oponen algunos intelectuales de estos últimos a los códigos sociales de los primeros. La globalización de las comunicaciones ha provocado por reacción, junto con otros factores, el recrudecimiento de las tensiones entre lo dominante y lo dominado, lo colonizador y lo colonizado. Sin embargo, como aclaran los partidarios del decolonialismo, no se trata de rechazar a los grandes pensadores de la cultura europea, sino al eurocentrismo. Vale decir que es necesario asimilar lo fuerte de cada cultura para desarrollarlo en el estudio de nuestra realidad actual.</p></abstract><trans-abstract xml:lang="en"><title>Abstract</title><p> The critique of Eurocentrism is based on the rejection of the idea that European epistemology is universal. This has been shown in the humanities, where knowledge has various versions and interpretations; while in the "strong" sciences (such as the exact and natural) knowledge tends to be one in each age. One of the most important characteristics of the relations between the central western countries and the peripheral ones is the cultural resistance that some intellectuals of the latter oppose to the social codes of the former. The globalization of communications has caused by reaction, together with other factors, the resurgence of tensions between the dominant and the dominated, the colonizing and the colonized. However, as the supporters of decolonialism make clear, it is not a question of rejecting the great thinkers of European culture, but of Eurocentrism. It is worth saying that it is necessary to assimilate the strength of each culture to develop it in the study of our current reality.</p></trans-abstract><kwd-group xml:lang="es"><title>Palabras clave</title><kwd>Alcira Argumedo</kwd><kwd> pensamiento poscolonial</kwd><kwd> Filosofía de la Liberación</kwd></kwd-group><kwd-group xml:lang="en"><title>Keywords</title><kwd>Alcira Argumedo</kwd><kwd> postcolonial thought</kwd><kwd> Philosophy of Liberation</kwd></kwd-group><counts><fig-count count="0"/><table-count count="0"/><equation-count count="0"/><ref-count count="17"/></counts></article-meta></front><body><sec sec-type="materials"><title>Aportes
teóricos de académicos y políticos latinoamericanos, en la reseña de Alcira
Argumedo</title><p><xref ref-type="fn" rid="fn9999">*</xref></p><p><xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">Alcira Argumedo</xref>, ya en el año 2004, abordó la temática de la fundamentación epistémica en las ciencias sociales, ocupándose del eurocentrismo epistémico, la ubicación social del sujeto hablante y las fundamentaciones contingentes. Para ello realizó una revisión de aportaciones teóricas de los académicos latinoamericanos, aunque no incluyó estudios que tomaron posteriormente gran difusión, como los de la escuela subalternista y las corrientes del pensamiento poscolonial y decolonial. La Filosofía de la Liberación, por ejemplo, tiene como punto de partida una obra publicada en <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref6">1973 por E. Dussel</xref>, pero esta corriente, adoptando también el nombre de decolonialidad adquiere gran difusión varias décadas después. </p><p> En su ensayo, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">Argumedo</xref> (reeditado en 2015), pone de manifiesto los esfuerzos de autores que, no perteneciendo a las escuelas precitadas, buscaban concepciones autónomas basadas en la experiencia de las luchas contra la dominación colonial; sobre todo, las grandes movilizaciones de masas por la dignidad y las identidades populares. Los principales hallazgos que fueron rompiendo lo que en términos de Khun se suele denominar “paradigma normal”, surgieron del estudio de las luchas de los movimientos sociales. Más adelante, considerando el recorrido de la filosofía del conocimiento en Occidente, Argumedo analizó el recorrido de:</p><p><disp-quote><p>“Un hilo de Ariadna que une a las
diferentes epistemes que predominaron
[…] en el viejo continente, alrededor de esa idea que define a Europa como la
única propietaria indiscutida y legítima, de la religión, del conocimiento, la Razón, la Ciencia y, por lo tanto, la
Verdad” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">(2015, p. 149)</xref>.</p></disp-quote></p><p> Según <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref14">José Luis Romero (1987),</xref> el término “cristianismo” desde la Edad Media significó más una cultura que una religión. Esto se observó principalmente en España y en menor grado en Portugal e Inglaterra. Dicha formación ideológica impulsó a los conquistadores y sirvió para legitimar la conquista y la colonización. Tomando como precedente la guerra contra los turcos, vista como un choque de culturas, los europeos se vieron a sí mismos como el nuevo pueblo elegido, el dueño de la verdad, y el depositario de una cultura superior.  </p><p> Luego, llega así a la conclusión de que las ideas de la Ilustración fueron el resultado de una larga elaboración intelectual que culminó con un sistema coherente y de creciente simplicidad que, pese a estar basado en múltiples experiencias, no logró una síntesis universal. Según <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref13">A. A. Roig (1981):</xref>
</p><p><disp-quote><p>“Las filosofías de la
historia, en particular las que produjo el siglo XIX, pueden ser consideradas
como discursos políticos abiertamente intencionados, en los que se ha planteado
como objeto señalar el camino que se debía recorrer como a sí mismo los
escollos que se debían evitar para que las potencias europeas pudieran cumplir
con un destino al cual se sentían convocadas dentro del vasto proceso de
dominación del globo iniciado en el Renacimiento”<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2"> (Argumedo, 2015, pp.
131-132).</xref>
</p></disp-quote></p><p> De ese modo surgió una “filosofía imperial” que establecía cómo Europa debía asumir el destino de toda la humanidad. </p><p> Recurriendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref10">Piaget y García (1984)</xref>, nuestra autora señala que los nuevos conocimientos se obtienen por ajustes, reorganizaciones y correcciones de aquellos que los han precedido. Es decir, de todo un proceso de asimilación que condiciona la coherencia interna del sujeto cognoscente <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">(Argumedo, 2015, pp. 144-145)</xref>. </p><p> Teniendo en cuenta lo expuesto, el análisis de Argumedo parte del proceso por el cual se forma la concepción del mundo en el ser humano, y afirma que dicha concepción (Weltanschaung) condiciona la asimilación de cualquier experiencia nueva. Por lo expuesto, ella considera que el método científico está subordinado a nuestra concepción del mundo y a la naturaleza del problema que afrontamos.  </p><p><xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref17">Max Weber (1971)</xref> afirmó que sin las ideas de valor del investigador no existiría ningún criterio para seleccionar el tema a investigar. Entonces, el conocimiento científico-cultural se halla ligado a premisas “subjetivas”, en tanto se ocupa de elementos de la realidad que mantienen algún tipo de relación con los procesos a los cuales atribuimos un significado cultural. Si bien estos juicios de valor determinan una parte del obrar del científico, en la aplicación de la metodología debe excluir de antemano toda toma de partido. Es decir, dejar de lado los valores y las normas porque no pueden ser sostenidos científicamente. </p><p> Según<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7"> Fals Borda (2015)</xref>, la visión o concepción del mundo ha servido, a los científicos, de fundamento para:</p><p><list list-type="bullet"><list-item><p> la elección del tema a
investigar y las prioridades que se asignan a los posibles temas;</p></list-item><list-item><p> el examen de las
posibilidades de creación y originalidad que se abren con su decisión, sobre
todo cuando por el compromiso que se tiene con las causas de determinados
colectivos sociales, se rompen los viejos moldes para elaborar formas de
pensamiento autónomo;</p></list-item><list-item><p> para determinar grupos
clave que se consideran dignos de ser apoyados por la ciencia, los que serán
tomados como grupos de referencia por el científico (pp. 245-246).</p></list-item></list></p><p>Fals
Borda abandona la neutralidad objetiva weberiana, sobre todo cuando afirma:</p><p><disp-quote><p>“Las principales orientaciones nuevas en
teoría económica, aquellas conectadas con nombres como los de Adam Smith,
Malthus, Ricardo, List, Marx, John Stuart Mill, Walras, Wicksell y Keynes, eran
todas respuestas al cambio de condiciones y posibilidades políticas [y]
estuvieron conscientes del público de sus obras” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7">(p. 239)</xref>.</p></disp-quote></p><p> Incursionando en las relaciones entre el poder y el saber, Argumedo, citando a Gramsci, argumenta que, en el seno de la sociedad civil, la clase dominante ha enclavado verdaderas reservas estratégicas que están desparramadas en la conciencia de las clases subalternas.  </p><p> Una de las consecuencias para los pueblos de ultramar, es que el poder del centro no depende solamente de la concentración de recursos económicos, sino también del monopolio que le permite someter a la producción y administración del conocimiento a una cultura declarada como superior. De manera que “los hindúes, vietnamitas, argelinos, chinos o negros – que no eran verdaderamente humanos – solo podían aspirar al privilegio de ser civilizados por el dominio blanco” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">(Argumedo, 2015, p. 136).</xref>
</p><p> Hay “una visión contundente del mundo que subyace al pensamiento académico y político europeo; que absorben fascinadas las oligarquías y ciertas elites ilustradas de América Latina” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">(Argumedo, 2015, p. 137)</xref>. Es que las clases dominantes ven en la modernización refleja el único proyecto que les permitirá alcanzar el progreso, juntamente con el mantenimiento de su poder y sus privilegios<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref11"> (Ribeiro, 1973, p. 16).</xref>
</p><p> En los países periféricos, hay pequeñas elites locales que se beneficiaron de la dominación capitalista-colonial y que ejercieron, a su vez, dominación sobre los grupos subalternos; siendo una de las dimensiones de esa relación asimétrica la dimensión epistemológica Sobre este tema, dice <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref11">Darcy Ribeiro (1973)</xref>:</p><p><disp-quote><p>“El atraso de América Latina no
es natural ni necesario, sino
que existe y persiste porque
hemos sido conniventes con sus
factores
causales. [...]
No hay cómo descartar
la conclusión de que las
causas
están en nosotros mismos, no en carencias naturales, innatas o históricas, sino en connivencias que son culpas nuestras. En efecto, nadie duda hoy
día de que el proyecto de explotación colonial y neocolonial de América
Latina
– desastroso para nuestros pueblos que pagaron su costo en opresión, penuria y dolor – fue
altamente exitoso para aquellos que lo dictaminaron y
rigieron como clases dominantes.
[...] para generar excedentes, para alimentar las
regalías
de una capa social superprivilegiada en la cual la intelectualidad universitaria logró siempre incluirse” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref11">(pp. 11-12)</xref>.</p></disp-quote></p><p> Agoglia afirma que la filosofía en el siglo XX se hace desde las ciencias sociales e históricas, por lo que ellas se interrelacionan en marcos más amplios (transdisciplinarios) según las formas de percibir el mundo; y por lo tanto están en íntima conexión con los proyectos político-históricos. Es decir, que se trata de incorporar datos a marcos más comprensivos para obtener versiones científicas que hablen de un nosotros, pero también de los otros que integran las masas populares. </p><p> Las disciplinas que podrían interrelacionarse con la sociología y la historia son la economía, la geografía, la psicología, la antropología, la ciencia política y el derecho, configurando lo que Marx y Engels denominaban la teoría crítica, que luego retomaron otros científicos sociales quienes la revisaron, criticaron, reformularon o combatieron. </p><p> La crisis del paradigma normal se manifestó como la acumulación de problemas y decisiones, cuyas respuestas no podrían ser satisfactorias sin un trabajo interdisciplinario. Según <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7">Fals Borda (2015, p. 238)</xref>, “la crisis exige una ‘ciencia integral del hombre’, sin distinguir fronteras artificiales o acomodaticias entre disciplinas afines”. </p><p> Algunos investigadores marxistas, como Umberto Cerroni y Ellen Meiksins Wood, utilizan la demarcación de las ciencias en un primer momento del análisis, para en un segundo momento, integrar las humanidades en una totalidad dialéctica en permanente movimiento.</p><p><xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">Argumedo (2004) </xref>habla de la necesidad de una trans-episteme que penetre las
cosmovisiones que impregnan el pensamiento de las clases dominantes y que niegan
la historicidad de lo periférico y lo subalterno. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref5">De Sousa Santos, (2010) </xref>usa
el término ecología de saberes ante
la diversidad epistemológica del mundo y la existencia de una pluralidad de
saberes que van más allá del conocimiento científico; y rechaza al mismo
tiempo, a cualquier forma de epistemología general. La ecología de saberes se
basa en la idea de que “el conocimiento es interconocimiento” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref5">pp. 32-33)</xref>.</p></sec><sec sec-type="discussion"><title>Otros
aportes</title><p>Entre los investigadores y
ensayistas latinoamericanos que realizaron aproximaciones a la mirada colonial
sin pertenecer a las corrientes subalternistas, postcoloniales o decoloniales,
cabe mencionar a:</p><p><list list-type="bullet"><list-item><p> Los filósofos y los
historiadores sociales citados por <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2">Argumedo (2004)</xref>: José Luis Romero, A.
Salazar Bondy, Leopoldo Zea, A. A. Roig, R. Agoglia.</p></list-item><list-item><p> Los cientistas sociales
académicos mencionados por<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7"> Fals Borda (2015)</xref> quien los considera como parte de
una contracorriente intelectual, en la que se incluye: Rodolfo Stavenhagen,
Pablo González Casanova, Eliseo Verón, Theotonio dos Santos, Aldo Solari, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref11">Darcy
Ribeiro</xref>.</p></list-item><list-item><p>Los “parasociólogos”,
llamados así por<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref9"> J. F. Marsal (1963)</xref>: Jorge Abelardo Ramos, Haya de la Torre,
A. Jauretche (este último citado por<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref2"> Argumedo, 2004)</xref>.</p></list-item></list></p><p> El término “parasociología” fue acuñado por Marsal con él designa a ensayistas literarios, cuyas obras tienen estructura científica y carne literaria. Sobresalen las que combinan el marxismo con el nacionalismo ochocentista. Sus textos están ligados a los objetivos actuales de la sociedad y tienen amplia difusión<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref9"> (p. 152)</xref>. Marsal los excluye del ámbito de las ciencias sociales por su falta de rigor en el empleo del método y porque utilizan a la sociología como ciencia normativa, considerando además que el conocimiento científico tiene exigencias tales como la coherencia interna del sistema y la verificación experimental en el caso de las ciencias no deductivas. </p><p> Es de destacar la cita que hace Marsal de las críticas de<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref1"> Ramón Alcalde (1955),</xref> donde éste pone de manifiesto la ubicación epistémica de J. A. Ramos:</p><p><disp-quote><p>“Tiene gran razón su crítico Alcalde al rechazar ‘el
simplismo infantil’ de las antinomias centrales de Ramos (lo europeo versus lo
nacional; imperialismo cultural versus cultura nacional; literatura oligárquica
versus literatura popular), aun admitiendo como principio general aceptable el
poder de la crítica literaria en función del concepto de clase y su relación
entre política y cultura” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref9">(p. 153)</xref>.</p></disp-quote></p><p> Por lo expuesto, no se puede negar que Ramos es un precursor en este tipo de estudios. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7">Fals Borda (2015, p. 238)</xref> opina que entre la “sociología científica” y el “ensayo literario” se pueden señalar diferencias en los aspectos formales; pero, en el fondo, dichas diferencias son espurias. En tanto, no hay sociología sin política, vale decir sin que afecte los intereses de la colectividad. </p><p> Además de los autores citados por Fals Borda, hay otros como J. Martí, J. C. Mariátegui, Helio Jaguaribe, A. Guerreiro Ramos, A. Methol Ferré, Rodolfo Puiggrós, J. J. Hernández Arreghi <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref16">(Vila De Prado, 2007)</xref>. </p><p> La ciencia se fundamenta en una concepción del mundo construida con conceptos que surgen de experiencias socio-históricas concretas, las que son abordadas desde puntos de vista particulares. </p><p> Las principales obras sociológicas, que han promovido escuelas de pensamiento e introducido teorías importantes, han tenido siempre consecuencias políticas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7">Fals Borda, 2015, p.239)</xref>. Estudiosos contemporáneos han exigido, y se han exigido, la plena identificación de los agrupamientos sociales que se investigan, tanto para obtener información válida como para contribuir al logro de las metas de cambio de dichos agrupamientos <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref7">(p. 261-262)</xref>. Este criterio supone el abandono, y hasta el rechazo de la búsqueda de la universalidad, y la adopción de una razón que resalta la diferenciación y acepta fundamentaciones contingentes relativas a marcos de referencia que las legitiman <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref15">(Samour, 2007, p.3).</xref>
</p></sec><sec sec-type="conclusions"><title>Reflexiones finales 

 </title><p>Finalmente, para
comprender la complejidad del problema, es pertinente comparar las ideas de
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref12">Ricoeur </xref>con las de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref8">Foucault </xref>y el subalternista <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref4">Chakrabarty</xref>, sobre la verdad
científica:</p><p><list list-type="bullet"><list-item><p> Para <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref12">Ricoeur (1990)</xref>, hay una subjetividad
buena cuando el investigador evita caer “en una interpretación que se deja
dominar por el rencor o seducir por el silencio cómplice” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref3">(Beltrán López, 2005,
p. 167).</xref>
</p></list-item><list-item><p> En la concepción
de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref8">Foucault (1979),</xref> cada sociedad tiene su “política general” de la verdad, que
es la que establece quienes están a cargo de decir lo que debe funcionar como
verdadero, los métodos y técnicas que están calificados para obtener la verdad,
y el lugar y momento en que se produce una verdad y se oculta otra.</p></list-item><list-item><p>En lo
que respecta a<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref4"> Chakrabarty (1992)</xref>, el discurso académico de la “historia”,
producido en Europa, “continúa siendo el sujeto
teórico soberano de todas las historias, incluyendo aquellas que llamamos
‘indias’, ‘chinas’, ‘kenyanas’, etc.” (p. 1); siendo estas últimas simples
variaciones de la historia de Europa.</p></list-item></list></p><p>Mientras
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref12">Ricoeur</xref> se refiere al investigador individual; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref8">Foucault </xref>enfatiza lo
institucional, la dominación del poder sobre el saber; y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_2511318003_ref4">Chakrabarty</xref> aborda el
tema de la hegemonía eurocéntrica, que engloba a los anteriores. El locus de enunciación es la ubicación
geo-política y corpo-política del sujeto que habla.</p></sec></body><back><fn-group><fn id="fn9999"><label>*</label><p>Esta versión del marcado fue hecha por Realidad e Historia (Concepción, Chile) en 2026 sobre la base del XML original de la revista. Se normalizó el uso del identificador persistente ARK, el elocation ID y nuevas galeradas XML-JATS, EPUB, HTML y PDF. A excepción de lo antes explícitamente mencionado, no se realizaron cambios en el artículo. Las versiones anteriores se encuentran en Zenodo 10.5281/zenodo.3981375 y AmeliCA 2511318003.</p></fn></fn-group><ref-list><title>Referencias</title><ref id="redalyc_2511318003_ref1"><mixed-citation>Alcalde, R. (1957) “Imperialismo, cultura y literatura nacional”. En Contorno N° 5-6 (setiembre 1955). Buenos Aires.</mixed-citation><element-citation publication-type="journal"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Alcalde</surname><given-names>R.</given-names></name></person-group><article-title>Imperialismo, cultura
y literatura nacional</article-title><source>Contorno</source><year>1957</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511318003_ref2"><mixed-citation>Argumedo, A. (2004) “Las matrices del pensamiento teórico-político”. En S. Caggiano &amp; A. Grimson, Antología del pensamiento crítico argentino contemporáneo (2015), Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO.</mixed-citation><element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Argumedo</surname><given-names>A.</given-names></name></person-group><source>CLACSO</source><year>2004</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511318003_ref3"><mixed-citation>Beltrán López, D. (2005) “Objetividad y subjetividad en las ciencias sociales. El caso de la historia en la reflexión de Paul Ricoeur”. En Clío. Nueva Época. Vol. 5. N° 34. México: Universidad Autónoma de Sinaloa. Facultad de Historia.</mixed-citation><element-citation publication-type="journal"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Beltrán López</surname><given-names>D.</given-names></name></person-group><article-title>Objetividad y subjetividad en las ciencias sociales. El caso
de la historia en la reflexión de Paul Ricoeur</article-title><source>Clío</source><year>2005</year></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511318003_ref4"><mixed-citation>Chakrabarty, D. (1992) “Poscoloniality and the Artifice of History: Who Speaks for ‘Indian’ Pasts?” En Representations N° 137 (invierno) [http://jan.ucc.nau.edu].</mixed-citation><element-citation publication-type="journal"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Chakrabarty</surname><given-names>D.</given-names></name></person-group><article-title>Poscoloniality and the Artifice of History: Who Speaks for ‘Indian’ Pasts?</article-title><source>Representations</source><year>1992</year><comment>[http://jan.ucc.nau.edu</comment></element-citation></ref><ref id="redalyc_2511318003_ref5"><mixed-citation>De Sousa Santos, B. (2010) Para descolonizar Occidente. Más allá del pensamiento abismal. 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